Por fín tengo el honor de presentar la review de un colaborador y que mejor manera de estrenar que con Dead Rising, el mata zombies por excelencia.

Review de Dead Rising
Por: Bad Motherfucker
Dead Rising es el juego al que todo fan de las películas de George A. Romero (entre los cuales me cuento) querría jugar. Un centro comercial, decenas de miles de zombis sedientos de sangre y un amplio surtido de objetos con los que defendernos. Si a todo lo anterior le añadimos un argumento que da la talla (aunque sin pasarse), gráficos de última generación (con la posibilidad de jugar en HDTV a 1080i) y una ambientación de primera, ya tenemos el cóctel perfecto para todo buen amante del gore.

Ante todo quiero avisar a quien esté pensando en comprarlo que personalmente no catalogaría a Dead Rising dentro del género “survival horror” (véase Resident Evil y similares). Porque, para mí, Dead Rising entra dentro de ese género que muchos creían ya desaparecido, el llamado “beat’em up” (o “pégale a todo lo que se mueva”). Y es que aunque el argumento principal nos insta a cumplir misiones en un tiempo determinado, la dinámica del juego se resume en ir de un lado a otro machacando zombis, eliminando jefes (o “psicópatas”) y rescatando supervivientes. Y todo esto a un ritmo frenético que a veces llega a resultar agobiante. Pero esa es la única sensación (a parte de la satisfacción que eliminar muertos vivientes pueda proporcionar) que transmite el juego: agobio. De modo que si lo que quieres es un juego que te haga temblar de miedo y te provoque pesadillas (véase Doom 3), este no es el que estás buscando.
Todo esto no significa que Dead Rising sea un mal juego. Jamás me atrevería a decir algo así de esta pequeña obra de arte. Ya que eso es lo que es, una pequeña obra de arte digital. Todo en el juego está muy cuidado, desde la banda sonora (con canciones típicas de un centro comercial americano), las animaciones, las texturas, la iluminación, y (lo que más me sorprendió) los pequeños detalles que hacen que jugar a este título sea una experiencia muy gratificante.

Pero veámoslo por partes. Primero: los enemigos. Los hay de dos tipos: Zombis y Psicópatas. Los zombis son como deben ser: lentos, torpes y feos. Es de agradecer la cantidad de modelos distintos que hay (desde jovencitas a las que la invasión de no muertos les pilló de “shopping”, hasta policías, pasando por hombres y mujeres gordos/as, delgados/as, mutilados/as…). Aunque a primera vista puedan parecer unos enemigos fáciles de eliminar (de hecho, lo son), su dificultad se basa en la cantidad. Y es que son cientos (si no miles) los zombis que pululan por el centro comercial con el único objetivo de comerse a Frank o a cualquiera de los desdichados supervivientes. Este hecho hace que en ocasiones resulte incómodo desplazarse de un sitio a otro, sobre todo hacia el final del juego (ya que conforme pasa el tiempo aumenta el número de come-cerebros). Por otro lado, los psicópatas son jefes old school (es decir, de los de toda la vida). Su dificultad reside en sus ataques, ya que cada uno de sus demoledores golpes restan una cantidad enorme de vida. Sin embargo, basta con aprender sus movimientos para derrotarlos sin problemas con la clásica técnica de “esquivar-pegar” (vamos, la de toda la vida). Los hay de muchos tipos: desde el ya archiconocido payaso loco, hasta francotiradores, presidiarios, sectarios… Eliminándolos se consiguen muchos puntos de experiencia, así que, aunque no es obligatorio acabar con ellos, es altamente recomendable. Además, suelen dejar tras de sí objetos muy útiles como espadas, rifles, motosierras, que sólo se consiguen de este modo. Cuando el juego está a punto de acabar aparece un tercer tipo de enemigo: los soldados. Y es que en toda buena trama de zombis no pueden faltar esos perros del gobierno destinados a ocultar lo sucedido de la única forma que saben: limpiando la zona de no muertos y testigos potenciales (entre los cuales se encuentra Frank). Estos enemigos son duros de roer en comparación con los anteriores, ya que a su armamento pesado se une una puntería envidiable. Acabar con ellos puede ser fácil o difícil dependiendo del arma que utilices.

En cuanto a las armas, el repertorio es abrumadoramente extenso. Podremos utilizar casi cualquier objeto que encontremos: almádenas, barras de acero, osos de peluche, motosierras, pistolas, rifles, escopetas, katanas, hachas, cajas registradoras, sombrillas, sillas, bancos, papeleras, macetas, guitarras, palos de golf, carritos de la compra, tablas de skate, bolas de bolos… y así hasta el infinito (o casi). Es uno de los detalles más cuidados del juego, ya que cada arma tiene su propia animación en función de la forma de golpear. También podremos lanzarlas contra nuestros enemigos, y conforme aumentemos de nivel la distancia de lanzamiento será mayor. Además encontraremos distintos vehículos (motos, coches, furgones…) que nos servirán para atropellar a todo lo que se interponga en nuestro camino (al más puro estilo Carmageddon). Por último, existen ciertas armas especiales que conseguiremos desbloqueando alguno de los logros del juego. Hasta el momento sólo he conseguido una: el “Mega Man buster” (o “el brazo-cañón de Mega Man” para los profanos), que se consigue eliminando a 43.000 zombis (sí, sí, has leído bien). Estas armas pueden utilizarse cuando comienzas un nuevo juego y son muy útiles, ya que su poder destructor es mucho mayor que el de las armas convencionales, y son el mayor aliciente para cumplir los logros y volver a jugar al juego una y otra vez.
Gráficamente el juego es impecable. Jugando a 1080i es casi imposible apreciar un solo píxel. Las texturas son de lo mejor que he visto en un juego de este tipo hasta el momento, y las animaciones son extremadamente realistas. En cuanto a la iluminación, el HDR está muy bien implementado, cambiando el tipo de luz dependiendo de la hora del día y de la posición respecto al sol en que nos encontremos (aunque no llega a “deslumbrarnos” como en otros juegos como “Oblivion” o “Half Life 2: episode 1”). Poco más puedo decir de este apartado salvo que en una escala de 0 a 10 yo le pondría un 11 y medio.

La jugabilidad es muy buena, pero no llega a ser excelente. Cuesta un poco al principio hacerse con el control de Frank, aunque con un poco de práct
ica seremos capaces de sacarle el máximo partido a todos sus movimientos. Lo más complicado, como ocurre siempre, es apuntar con los sticks, y esto puede hacer que nos desesperemos cuando luchemos contra algún psicópata (sobre todo si el loco en cuestión va armado con un arma de fuego). Para paliar este problema, el juego cuenta con un sistema de puntería automática por defecto (siempre que no apuntemos de forma manual), que hace que Frank dispare al enemigo más próximo en la dirección en la que está mirando.
Sobre el argumento, sólo diré que es “pasable” y que cumple su función, aunque tiene poco de original. Si quieres saber más sobre él, ya sabes lo que tienes que hacer.
En definitiva, Dead Rising es un título imprescindible en el catálogo de juegos de Xbox 360 (a no ser que te maree la sangre o que lo tuyo sean los juegos educativos -si es que de verdad existen-), siendo uno de los mejores juegos disponibles para esta consola hasta la fecha. Y es que los chicos de Capcom tienen ya una larga experiencia en esto de los juegos de zombis y lo demuestran ampliamente en esta (como ya he dicho antes) pequeña obra de arte.
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